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John Cleese, la IA y el olor a queso

Jugando en serio con la Inteligencia Artificial para potenciar nuestra creatividad
28 de agosto de 2026 por
C2i - CHANGE 2 IMPROVE OPTIMIZACIÓN DE PROCESOS, S.L., Eduardo Magdalena García

Hay una antigua charla de John Cleese, el famoso actor y miembro de los Monty Python,  sobre creatividad que me parece espectacular: Creativity in Management.

Si tienes poco más de media hora libre, mi recomendación es muy clara: pasa del próximo capítulo de la serie de moda en Netflix y mira esta charla. Creo que merece la pena.

En esa charla Cleese comienza asegurando que la creatividad no es un talento reservado a unos pocos privilegiados, sino una determinada forma de pensar y actuar y diferencia entre dos estados mentales: Closed Mode y Open Mode:

  • En Closed Mode ejecutamos. Tenemos objetivos, resolvemos problemas, tomamos decisiones, cumplimos plazos y buscamos resultados.
  • En Open Mode exploramos. Jugamos con las ideas, establecemos conexiones, hacemos preguntas y recorremos caminos sin saber exactamente a dónde nos llevarán.

Para entrar en ese Open Mode, Cleese propone cinco ingredientes:

  • Espacio para aislarnos temporalmente de las exigencias del día a día.
  • Tiempo para explorar sin la presión de obtener inmediatamente un resultado.
  • Más tiempo para no conformarnos con la primera solución razonable.
  • Confianza para permitirnos jugar, equivocarnos y plantear incluso ideas absurdas.
  • Y humor, probablemente una de las mejores formas de abandonar el Closed Mode y abrir nuestra mente a nuevas posibilidades.

El problema es que todo a nuestro alrededor nos empuja cada vez más hacia el Closed Mode.

La escuela nos enseña a llegar a la respuesta correcta, y además por el camino que nos han marcado. El trabajo nos exige objetivos, resultados y plazos y nuestras agendas se llenan de tareas y reuniones de media hora.

Nos entrenamos continuamente para ejecutar, pero cada vez dejamos menos espacio para explorar. Menos espacio para jugar, para aprender, para desarrollar nuestro potencial.

Y en ese proceso vamos eliminando precisamente aquello que Cleese considera imprescindible para la creatividad: tiempo y espacio para jugar con las ideas.

Cleese explica que algunas de sus mejores ideas no surgían porque tuviera más talento que otros, sino porque estaba dispuesto a permanecer más tiempo con un problema. Mientras otros encontraban una solución razonable y pasaban a otra cosa, él seguía explorando, buscando alternativas y jugando con otras posibilidades.

En la charla destacaba también la colaboración con otras personas y con diferentes puntos de vista como un potente catalizador de la creatividad. Una idea provoca otra. Alguien pregunta «¿y si…?». Otro añade «podemos probar con...». Se cuestiona una suposición. Aparece una conexión inesperada.

Y, de repente, surge algo interesante.

Y, de repente, llegó la IA

Más de tres décadas después de esa charla me encuentro trabajando con una tecnología que Cleese difícilmente podía imaginar entonces y experimentando algo que inicialmente podría parecer paradójico:

La Inteligencia Artificial está potenciando enormemente mi creatividad.

Sí, por supuesto que la IA también ha incrementado enormemente mi productividad. Pero lo que no me habría imaginado hace solo un par de años es que me permitiera incrementar de esta forma la cantidad y calidad de mis ideas, soluciones y propuestas.

Y creo que una de las razones está precisamente en los dos modos de funcionamiento que describía Cleese.

La mayoría utiliza la IA en Closed Mode: «resume este documento», «escribe este correo», «analiza estos datos», «genera este código», «resuelve este problema»...

Tenemos un objetivo, damos unas instrucciones y esperamos un resultado. Para eso la IA es tremendamente útil y nos permite hacer muchas cosas mejor y mucho más rápido.

Pero creo que nos estamos perdiendo una parte muy interesante: utilizar la IA en Open Mode.

No pedirle que resuelva un problema, sino utilizarla para explorar el problema. «¿Y si…?», «¿Qué otras alternativas tenemos?», «¿Qué estoy dando por supuesto?», «¿Y si hacemos justo lo contrario?», «¿Con qué otras ideas podemos relacionarlo?», «¿Y si llevamos esta posibilidad al extremo?»

Y aquí ocurre algo que conecta directamente con lo que explicaba Cleese: la IA se convierte en "alguien" con quien jugar con las ideas.

Deja entonces de ser únicamente una herramienta a la que encargamos tareas y se convierte en algo diferente: un asistente, un colaborador con el que exploramos nuevas alternativas.

Pero hay otra parte que me parece mucho más importante. Cleese hablaba de la importancia de permanecer más tiempo con un problema y no conformarnos con la primera solución razonable.

La IA permite hacer exactamente eso, pero con una diferencia enorme: comprime el tiempo necesario para hacerlo. En una hora podemos explorar decenas de alternativas, cuestionar hipótesis, establecer conexiones y recorrer caminos que trabajando solos podrían habernos llevado días.

La IA no elimina el tiempo creativo. Lo comprime.
Y, además, tiene dos características excelentes como compañero creativo:

  • No critica, no reprocha ni menosprecia ninguna de nuestras sugerencias, por muy absurda que sea nuestra idea.
  • Y, especialmente, no se cansa nunca de jugar.

Y todo esto resulta especialmente interesante en el ámbito de la ingeniería. Siempre he pensado que la ingeniería es una de las profesiones más creativas que existen.

Hay una idea que me gusta especialmente: los ingenieros no inventamos, desarrollamos. Tomamos principios físicos, mecanismos, materiales, procesos de fabricación, tecnologías, herramientas y conocimientos desarrollados por otros y los combinamos para encontrar soluciones prácticas a problemas concretos.

En buena medida, nuestro trabajo consiste precisamente en establecer conexiones. Conectar conocimientos. Conectar tecnologías. Conectar problemas con soluciones existentes en otros ámbitos. Explorar alternativas. Probar. Descartar. Volver atrás. Desarrollar.

Y cuanto mayor sea nuestra capacidad para explorar esas conexiones, mayor será también el espacio de soluciones que podemos recorrer.

En esa charla Cleese explica también que una nueva idea puede surgir al conectar dos ideas previamente separadas de una forma que genere un nuevo significado.

Y entonces habla de los ordenadores. Explica que un ordenador (de los que había entonces) podía generar millones de conexiones... pero no sabría cuál de ellas «olía interesante».

¿Y qué pinta el queso en todo esto?

Seguramente te suene el bestseller ¿Quién se ha llevado mi queso?, la conocida fábula de Spencer Johnson sobre los cambios, la adaptación y nuestra capacidad para buscar nuevas oportunidades cuando nuestro entorno cambia.

Sus personajes recorren un laberinto buscando queso y deben reaccionar cuando aquello que daban por seguro deja de estar donde esperaban.

Bien, pues hoy tenemos delante uno de esos enormes cambios. Se llama Inteligencia Artificial.

Treinta y cinco años después de la charla de John Cleese, los ordenadores pueden ayudarnos a establecer conexiones, explorar posibilidades, cuestionar nuestras propias ideas y recorrer caminos que Cleese difícilmente podía imaginar entonces.

Pero nosotros seguimos aportando algo fundamental: conocimiento, experiencia, contexto, criterio e intuición.

Por eso cada vez me interesa menos discutir si una Inteligencia Artificial puede ser creativa. Me interesa mucho más preguntarme: ¿Hasta dónde puede llevar mi creatividad si aprendo a trabajar con ella?

Porque quizá la Inteligencia Artificial pueda ayudarnos a recorrer el laberinto mucho más rápido, explorar muchos más caminos e incluso descubrir lugares en los que nunca habríamos pensado buscar.

Pero, al menos de momento... el olfato para encontrar el queso sigue siendo nuestro.

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